Se ha vuelto una moda entre algunas adolescentes separar lo que hacen con su cuerpo de lo que ellas son como personas. Esta disociación tiene consecuencias, sobre todo en una sociedad sobre erotizada de acuerdo a patrones masculinos.Sábado por la noche. Objetivo: “agarrarse minos’’. Y no se trata de niñitas abandonadas, sin padres presentes o sin formación valórica; al contrario, son también adolescentes que viven en mundos protegidos y bien educados.
¿Por qué se está produciendo esta disociación? Para María Elena Gumucio, psicóloga clínica, terapeuta familiar del Departamento de Psiquiatría de la Pontificia Universidad Católica, esta disociación es una característica que tiene Chile como país en general. “Somos una cultura en que la disociación aparece en distintos ámbitos y no sólo en el tema de la sexualidad. Es un país de apariencias, donde lo que se intenta mostrar no siempre es lo que se vive. Se ven niñitas que salen a bailar con una blusa de cuello alto, pero que llegan a la discotheque y se ponen una polera prácticamente transparente; cuando llega el papá a buscarlas no se imagina que estuvieron en la fiesta bailando sin lo que las vieron salir. Trabajé dos años con adolescentes en Canadá y estos comportamientos dobles pasan menos, si quieren vestirse provocativas salen de la casa así y enfrentan el conflicto con los padres, se discute el tema”. Otro factor que influye es el cambio cultural que ha generado la mayor importancia que se le da al cuerpo. A esto se suma que hay gran cantidad de información sexual disponible para cualquiera, sin ningún tipo de filtro. Y quizás lo más grave es que vivimos en un medio sobre erotizado.
“Es decepcionante constatar cómo la televisión es manejada con criterios de rating y no pensando en educar a la población. Así, si lo que vende es mostrar más, eso es lo que reciben los adolescentes”, dice la psicóloga.
Para ella “no se le puede pedir a los niños que no se eroticen si los adultos les ofrecemos una socialización donde está todo erotizado y al mismo tiempo negado como tema”.
Modelos masculinos Respecto a lo que reciben los adolescentes como modelos en la sexualidad a través de las series que ven en la televisión, los comerciales, etc, es un tipo de sexualidad de estilo masculino, es decir: con predominio de lo visual, exhibicionista, rápida, atrevida y ojalá salvaje, donde se presenta a las mujeres como atrevidas, experimentadas y “relajadas” con el tema.
Por contraposición no hay una validación social de la sexualidad femenina, que es diferente porque es más lenta, menos visual, más de seducción. “Clínicamente me toca ver niñitas que se han expuesto a experiencias sexuales avasalladoras, donde toman un rol activo más asociado a lo que ven en la tele que con lo que realmente quisieran hacer, en que se han pasado a llevar ellas mismas porque creen que así se hace para conquistar, porque ese es el referente que tienen. Dentro de esta conducta por ejemplo, han estado de moda las conductas lésbicas asociadas a la idea de que este comportamiento excita a los hombres, no necesariamente es que a las mujeres les guste ni que sean lesbianas’’, señala la psicóloga.
PeligrosEl período de mayor riesgo es la adolescencia temprana y media, entre los 14 y 16 años, porque el impulso sexual y agresivo está en pleno desarrollo, hay una sensación de omnipotencia en que nada les va a pasar -algo propio de la edad-, pero que en el contexto de una sociedad donde no se aborda el tema de la sexualidad y hay erotización se da una combinación riesgosa.
Con su grupo de amigas van a la “previa”, al precarrete, se toman unos tragos, luego a una discotheque o la fiesta de alguien que no siempre es tan conocido, y se sienten desinhibidas y contentas, donde es posible “agarrar” sin culpa. “Pero esta sensación de triunfo de poder agarrarse al “mino” a veces termina en camisa de once varas, ya que con el alcohol y la impulsividad quedan expuestas a situaciones sexuales en las que terminan con una sensación de que se les pasó la mano, sintiendo culpa y vergüenza’’, cuenta María Elena Gumucio. Estas conductas varían bastante entre los grupos de amigas: “Algunas adolescentes logran salir, poner límites y hacerse respetar. Pero otras son más impulsivas y quieren tener un límite, pero no se dan ni cuenta cuando ya lo traspasaron’’, añade.
Otro factor de riesgo es que los adolescentes creen que a ellos nunca les va a pasar nada, viven la omnipotencia adolescente y, por lo tanto, les cuesta visualizar las consecuencias de sus actos. Por otra parte, asumen que les tiene que dar lo mismo, porque el medio lo exige, y la verdad es que no siempre les da lo mismo. Si tienen una mala experiencia no la conversan con las amigas.
El malentendido las lleva incluso a aceptar insinuaciones en los baños de discotheques porque creen que eso es lo que se espera de ellas. “Es importante que las niñitas entiendan que para ser atractiva para un hombre no hay que ser una experta sexual y es posible respetar los propios límites’’, dice la especialista.
¿Qué pueden hacer los padres?La sexualidad es uno de los temas principales que distancia a padres e hijos, pero hay distintas formas de abordarla. Algunos de frentón no quieren saber lo que hacen sus hijas. En muchos casos no se trata de padres ausentes, sino más bien evitativos, que no hablan de sexualidad ni temas conflictivos.
Es sano que en las familias se hable de sexualidad, que los padres puedan plantear sus puntos de vista y a la vez dialogar escuchando las preguntas y comentarios que tengan los hijos. Más que plantear ideas rígidas -que probablemente no se van a adecuar a la realidad actual de la adolescencia- es posible conversar sobre la importancia de que se hagan respetar, que no se dejen pasar a llevar, que no hagan nada que no quieran hacer, que sepan poner límites, que sepan cuidarse. Pero no un cuidarse desde el deber moral, porque ese se transgrede si eres adolescente, sino desde el cuidarse, que significa pensar si quiero esto o no, cómo me voy a sentir después, anticipar las consecuencias de sus actos en una conversación abierta’’.
Es importante tener claro• Creer que lo que se hace con el cuerpo no afecta al espíritu es un error antropológico. Todo gesto corporal tiene un significado profundo y si se realiza sin ese contenido, se trata de una mentira tan cierta como si fuera verbal.
• Por ello no se puede llevar una vida de espaldas a la afectividad. Las mujeres, por más que quieran creer lo contrario, son las más afectadas ya que por más que intenten llevar una sexualidad “a lo macho” terminarán sintiéndose angustiadas.
• El cambio debe venir desde las mismas mujeres, comenzando por valorar y respetar su sexualidad y psicología, para luego motivar un respeto por parte de los hombres. Así ellos descubrirán que pueden posponer sus impulsos y saldrán enriquecidos.
• Los padres las pueden ayudar respetando sus características personales, lo cual les entregará seguridad y les permitirá hacerse valorar.