martes, 24 de noviembre de 2009
LA NUEVA ORTOGRAFÍA
Ls dolecnts tien nvo idom. Aberrcn dl lnguaj, mda, comnkcn dl fturo?
Lo que para un lector adulto puede ser un jeroglífico, para los adolescentes es la moda en materia de comunicación. Con el fin de ahorrar tiempo y dinero, los mensajes de texto por celular y las conversaciones en los chat (escríbase ‘xat’) de los jóvenes son escuálidos remedos de palabras. Se comen vocales, usan signos matemáticos, cambian las reglas gramaticales y arman dibujos con grafías. Una jerigonza que escandalizaría a Cervantes.Con buen ojo comercial, una empresa de telefonía móvil sacó un pequeño diccionario de bolsillo para los usuarios de sus celulares. No se puede negar el ingenio y gracia de los creativos. “Hazla corta”, es el lema y su ortografía lo demuestra. BKN, aseguran los jóvenes.
Las reglas del juego
A fuerza de uso y a través de convenciones establecidas entre quienes la ocupan, se han ido formalizando algunas reglas que sirven para ordenar y unificar esta moderna ortografía:
> No se usan los acentos.
> Desaparece la H y la E al principio de las palabras.
> Los signos de interrogación y exclamación se ponen sólo al final de la oración, como en inglés.
> Se sacan las vocales en las palabras más comunes, ya que es fácil reconocerlas.
> Se aprovecha el sonido del nombre de la letra. T = Te; K = Ca; N = Ene. Por ejemplo: KRAT (karate).
> En vez de CH se usa X y en vez de LL, Y. Así, ahora somos XILENS y vamos a YYEO.
> Se abrevian frases con una sola palabra. Por ejemplo, “Te quiero” se escribiría TKK.
> Se aprovecha la forma en que se leen los números, por sus sonidos. Por ejemplo: RE100, DA2.
> Los signos matemáticos también reemplazan palabras. Por ejemplo, por es x, menos es - y más es +.
> Se representan algunos objetos, estados de ánimo, emociones, sensaciones y formas de ser “dibujando” caras con los signos de puntuación y matemáticos. Los más típicos son la carita feliz :-) y la carita triste :-(.
Las razones de los adolescentes
Los celulares e internet son recursos cada vez más al alcance de los jóvenes. Los teléfonos móviles han enfocado sus campañas hacia este segmento, pero aún no están completamente masificados.
Internet, en cambio, es un medio más accesible, ya sea en la casa o en el colegio. Uno de los sistemas más usados para chatear es el Messenger o simplemente MSN.Se trata de medios de comunicación en los que hay que optimizar tiempo y costo. La economía manda en los bolsillos jóvenes.
“Yo aprovecho los mensajes para avisar cosas cortas, porque es más barato. Hay que usar muchas abreviaturas, porque cada mensaje de texto del celular permite usar hasta 459 caracteres”, explica Isabel Cruz, alumna de 1º medio.
“Es como una taquigrafía moderna”, dice Cristián Osorio, alumno de 3º, quien lo utiliza en sus mails y chateos “por la flojera de escribir en el teclado”.
Las caritas dibujadas con signos también son un recurso recurrente. “Como no te ven la cara ni te oyen, con esto igual ‘salva’ un poco para expresar las emociones”, concluye.
“A mí me entretiene descifrar los mensajes y crear palabras nuevas, aunque a veces no se entienden mucho”, cuenta Javiera Campos, 12 años. “Además, se pueden inventar claves para comunicarse que sólo entienden las amigas. Así los compañeros o los papás no lo pueden leer tan fácilmente”.
¿Terrorismo ortográfico?
Ante el espanto de profesores y papás, una autoridad en temas idiomáticos da un mensaje tranquilizador.
Humberto López, Secretario General de la Asociación de Academias de la Lengua Española, dice que esta ortografía no tiene ninguna implicancia para nuestro lenguaje y no debiera preocupar a los adultos.
“Estamos ante un código particular diseñado por gente joven por motivos económicos y de premura de las comunicaciones -explica-. Lo han hecho recurriendo a recursos bastante tradicionales: eliminando las vocales, poniendo números cuando la pronunciación coincide con la palabra, de modo que es muy fácilmente leíble”
.Es lo mismo que ocurría, recuerda López, en su época de estudiante. “Cada uno se inventaba sistemas para tomar nota con rapidez, para las terminaciones ción, mente...”. Desaparecida esa instancia, asegura el académico, nunca más se vuelven a utilizar estos códigos.
Del diccionario
QMPLE: cumpleaños
FIND: fin de semana
PASA2 MÑNA: pasado mañana
LO 100TO: lo siento
WEXURBA: Huechuraba
S/TI=RIP: no puedo vivir sin ti
S3A2: estresadoq
?: ¿qué onda?
KRT: carrete
KLCTNS XILTS:calcetines chilotes
RIP ZZZ: muerto de sueño
TQ MXO: te quiero mucho
:-))))) : guatón
o-o: bicicleta
HGMS 1 VAK: hagamos una vaca
AMRMLA2: Amermelado
:--------) mentiroso
5PT: sin copete
:-) HR: happy hour
BKN: Bacán
TRMS XIYAN: termas de Chillán
C/PLTO: completo
:-O FTBL : baby fútbo
lXELA: cerveza
Lo que para un lector adulto puede ser un jeroglífico, para los adolescentes es la moda en materia de comunicación. Con el fin de ahorrar tiempo y dinero, los mensajes de texto por celular y las conversaciones en los chat (escríbase ‘xat’) de los jóvenes son escuálidos remedos de palabras. Se comen vocales, usan signos matemáticos, cambian las reglas gramaticales y arman dibujos con grafías. Una jerigonza que escandalizaría a Cervantes.Con buen ojo comercial, una empresa de telefonía móvil sacó un pequeño diccionario de bolsillo para los usuarios de sus celulares. No se puede negar el ingenio y gracia de los creativos. “Hazla corta”, es el lema y su ortografía lo demuestra. BKN, aseguran los jóvenes.
Las reglas del juego
A fuerza de uso y a través de convenciones establecidas entre quienes la ocupan, se han ido formalizando algunas reglas que sirven para ordenar y unificar esta moderna ortografía:
> No se usan los acentos.
> Desaparece la H y la E al principio de las palabras.
> Los signos de interrogación y exclamación se ponen sólo al final de la oración, como en inglés.
> Se sacan las vocales en las palabras más comunes, ya que es fácil reconocerlas.
> Se aprovecha el sonido del nombre de la letra. T = Te; K = Ca; N = Ene. Por ejemplo: KRAT (karate).
> En vez de CH se usa X y en vez de LL, Y. Así, ahora somos XILENS y vamos a YYEO.
> Se abrevian frases con una sola palabra. Por ejemplo, “Te quiero” se escribiría TKK.
> Se aprovecha la forma en que se leen los números, por sus sonidos. Por ejemplo: RE100, DA2.
> Los signos matemáticos también reemplazan palabras. Por ejemplo, por es x, menos es - y más es +.
> Se representan algunos objetos, estados de ánimo, emociones, sensaciones y formas de ser “dibujando” caras con los signos de puntuación y matemáticos. Los más típicos son la carita feliz :-) y la carita triste :-(.
Las razones de los adolescentes
Los celulares e internet son recursos cada vez más al alcance de los jóvenes. Los teléfonos móviles han enfocado sus campañas hacia este segmento, pero aún no están completamente masificados.
Internet, en cambio, es un medio más accesible, ya sea en la casa o en el colegio. Uno de los sistemas más usados para chatear es el Messenger o simplemente MSN.Se trata de medios de comunicación en los que hay que optimizar tiempo y costo. La economía manda en los bolsillos jóvenes.
“Yo aprovecho los mensajes para avisar cosas cortas, porque es más barato. Hay que usar muchas abreviaturas, porque cada mensaje de texto del celular permite usar hasta 459 caracteres”, explica Isabel Cruz, alumna de 1º medio.
“Es como una taquigrafía moderna”, dice Cristián Osorio, alumno de 3º, quien lo utiliza en sus mails y chateos “por la flojera de escribir en el teclado”.
Las caritas dibujadas con signos también son un recurso recurrente. “Como no te ven la cara ni te oyen, con esto igual ‘salva’ un poco para expresar las emociones”, concluye.
“A mí me entretiene descifrar los mensajes y crear palabras nuevas, aunque a veces no se entienden mucho”, cuenta Javiera Campos, 12 años. “Además, se pueden inventar claves para comunicarse que sólo entienden las amigas. Así los compañeros o los papás no lo pueden leer tan fácilmente”.
¿Terrorismo ortográfico?
Ante el espanto de profesores y papás, una autoridad en temas idiomáticos da un mensaje tranquilizador.
Humberto López, Secretario General de la Asociación de Academias de la Lengua Española, dice que esta ortografía no tiene ninguna implicancia para nuestro lenguaje y no debiera preocupar a los adultos.
“Estamos ante un código particular diseñado por gente joven por motivos económicos y de premura de las comunicaciones -explica-. Lo han hecho recurriendo a recursos bastante tradicionales: eliminando las vocales, poniendo números cuando la pronunciación coincide con la palabra, de modo que es muy fácilmente leíble”
.Es lo mismo que ocurría, recuerda López, en su época de estudiante. “Cada uno se inventaba sistemas para tomar nota con rapidez, para las terminaciones ción, mente...”. Desaparecida esa instancia, asegura el académico, nunca más se vuelven a utilizar estos códigos.
Del diccionario
QMPLE: cumpleaños
FIND: fin de semana
PASA2 MÑNA: pasado mañana
LO 100TO: lo siento
WEXURBA: Huechuraba
S/TI=RIP: no puedo vivir sin ti
S3A2: estresadoq
?: ¿qué onda?
KRT: carrete
KLCTNS XILTS:calcetines chilotes
RIP ZZZ: muerto de sueño
TQ MXO: te quiero mucho
:-))))) : guatón
o-o: bicicleta
HGMS 1 VAK: hagamos una vaca
AMRMLA2: Amermelado
:--------) mentiroso
5PT: sin copete
:-) HR: happy hour
BKN: Bacán
TRMS XIYAN: termas de Chillán
C/PLTO: completo
:-O FTBL : baby fútbo
lXELA: cerveza
jueves, 19 de noviembre de 2009
NO LE TEMA, CONOZCA A SU HIJO ADOLESCENTE
Durante la adolescencia el joven define su identidad. Es un proceso complicado, pero maravilloso, del cual muchos padres se mantienen al margen por miedo o flojera, dejando solo a este niño en cuerpo de adulto que aún necesita de su apoyo y sus normas.
Hay culturas donde el paso de niño a adulto ocurre de forma instantánea a través de un rito de iniciación. Pero en Occidente moderno la adolescencia es vista una etapa cada vez más necesaria para una buena adultez. Esto, debido a la enorme cantidad de opciones y exigencias que tienen los jóvenes, que ha ido complejizando la búsqueda de identidad y de roles. Ser adolescente consiste en responder a la pregunta “¿quién soy yo?”, tarea nada fácil que tiene repercusiones en el mismo joven, en su familia y en la sociedad.
La familia, un sistema
El punto de partida para enfrentar bien la adolescencia de un hijo es entender que no se le puede responsabilizar de todos los problemas que ocurren en la casa mientras él se encuentra en esta etapa. La familia es un sistema, por lo tanto, si uno de los integrantes cambia, todos los demás tienen que cambiar también para seguir conviviendo en armonía. Los papás deben aceptar que su hijo ya no es un niño y darse cuenta que no pueden seguir relacionándose así con él.
Por otra parte, muchos conflictos se deben a que los padres no saben de qué se trata la adolescencia y por eso se espantan frente a comportamientos que son normales. La solución obvia es informarse para así reducir la incertidumbre y hoy hay muchos medios para ello.
Los “efectos secundarios”
La adolescencia comprende, aproximadamente, desde los 11 a los 19 años. El inicio tiene causas biológicas y está determinado por la pubertad. El fin, en cambio, se relaciona con la llegada a un estado sicosocial donde se ha forjado una identidad propia. Esta identidad supone la adopción de un sistema de valores, elección vocacional, autonomía y un buen ajuste psicosexual que permita la formación de un hogar.
El salto de niño a adulto no ocurre de un día para otro y tiene variados “efectos secundarios”, como el vertiginoso cambio del cuerpo, que tiene importantes repercusiones en la psicología del adolescente. También cambia progresivamente el modo de pensar: se pasa de la mentalidad abstracta e ideal propia del adolescente, a una más concreta y práctica, y la transición no puede ser sino a través de ensayos y errores.
Para encontrar su propia forma de ser adulto, el joven siente la necesidad de probar alternativas; por eso un día le gusta el fútbol y al otro el karate; por eso tiene que ir a tres tiendas distintas para elegir las zapatillas que más le gustan. Esto en psicología se llama “moratoria psicosocial”.
Hay estudiosos que aseguran que si no se realiza este proceso se pueden presentar problemas como la identidad prestada -cuando el joven le copia el modo de ser a uno de sus padres- o la prolongación de la adolescencia hasta una edad propia de la adultez. Esta necesidad de probar redunda en un distanciamiento de los padres, que no debiera significar mayores conflictos si éstos saben aceptar esta realidad pasajera y dan al adolescente el espacio que necesita.
Una vez lograda la autonomía, el joven volverá a acercarse, aunque ya no como el seguidor abnegado, sino que los mirará con realismo: se dará cuenta de las imperfecciones de sus padres y la sociedad, pero será capaz de aceptarlos y quererlos, no como en la adolescencia en que sus defectos les parecían intolerables.
Espacio con límites
Respetar la necesidad de independencia de los adolescentes no quiere decir dejarlos hacer lo que quieran. Ellos necesitan límites y normas que guíen su actuar, ya que aún no han madurado y porque otra característica de esta etapa es el sentimiento de superhéroe que los lleva a tomar más riesgos de los razonables.
La psicología le llama “fábula personal” y se resume en la idea de “a mí no me va a pasar”, lo cual se explica por el egocentrismo propio de la edad, que es inevitable ya que están volcados hacia sí mismos por esta búsqueda de identidad.
Ello también fundamenta el delirio de persecución que tienen los adolescentes, llamado “audiencia imaginaria”, que se refiere al sentimiento de que todos están pendientes de cómo se ven o de lo que hacen. Eso sí que la forma de imponer reglas debe ser diferente a la niñez; se debe intentar llegar a acuerdos y explicarle los motivos de las decisiones, ya que el control autoritario sólo provocará rebeliones. Lo ideal es un monitoreo que no invada. Una buena forma es intentar conocer al grupo de amigos, ya que ellos son el referente máximo del joven, como antes lo eran sus padres.
Es muy recomendable abrir la casa para que se junten ahí y así, de forma indirecta, obtener información de las relaciones y costumbres del hijo. Ojo, que esto no significa que los papás participen del asado o que hablen en la jerga de los adolescentes. Tal vez eso le parecería divertido a los amigos del hijo, pero él se sentirá invadido y, además, tarde o temprano le reprochará a sus padres no haber cumplido con su rol.
Quererlos mucho y fortalecer su autoestima
Para tratar con un hijo adolescente no hay recetas, pero sí un consejo general: no dudar que el joven necesita de sus padres. Aunque haya días en que no quiera salir de su pieza, él siempre valorará poder acercarse a conversar cuando lo requiere.
Otra recomendación que sirve en todos los casos es demostrarle que lo quieren tal cual es, sin hacer comparaciones con los demás hijos y reforzándole sus cualidades y habilidades. Muchas veces el adolescente esconde su inseguridad detrás de una máscara de agresividad, pero si se le demuestra cariño sin límites, sufrirá menos en este proceso donde se pone insoportable, en gran parte porque no se soporta a sí mismo.
Lecturas para profundizar
A mayor información, menor es la incertidumbre.
Anímese a leer:
- "Familia y salud de los jóvenes", Ramón Florenzano. Ediciones Universidad Católica.
- "La familia, una aventura", Paulina Elsner y María de la Luz Montero. Ediciones Universidad Católica.
- "Identidad, juventud y crisis", Eric Erikson. Editorial Paidos.- "Adolecer: la aventura de una metamorfosis", Guillermo Carvajal. Editorial Tiresias.
Hay culturas donde el paso de niño a adulto ocurre de forma instantánea a través de un rito de iniciación. Pero en Occidente moderno la adolescencia es vista una etapa cada vez más necesaria para una buena adultez. Esto, debido a la enorme cantidad de opciones y exigencias que tienen los jóvenes, que ha ido complejizando la búsqueda de identidad y de roles. Ser adolescente consiste en responder a la pregunta “¿quién soy yo?”, tarea nada fácil que tiene repercusiones en el mismo joven, en su familia y en la sociedad.
La familia, un sistema
El punto de partida para enfrentar bien la adolescencia de un hijo es entender que no se le puede responsabilizar de todos los problemas que ocurren en la casa mientras él se encuentra en esta etapa. La familia es un sistema, por lo tanto, si uno de los integrantes cambia, todos los demás tienen que cambiar también para seguir conviviendo en armonía. Los papás deben aceptar que su hijo ya no es un niño y darse cuenta que no pueden seguir relacionándose así con él.
Por otra parte, muchos conflictos se deben a que los padres no saben de qué se trata la adolescencia y por eso se espantan frente a comportamientos que son normales. La solución obvia es informarse para así reducir la incertidumbre y hoy hay muchos medios para ello.
Los “efectos secundarios”
La adolescencia comprende, aproximadamente, desde los 11 a los 19 años. El inicio tiene causas biológicas y está determinado por la pubertad. El fin, en cambio, se relaciona con la llegada a un estado sicosocial donde se ha forjado una identidad propia. Esta identidad supone la adopción de un sistema de valores, elección vocacional, autonomía y un buen ajuste psicosexual que permita la formación de un hogar.
El salto de niño a adulto no ocurre de un día para otro y tiene variados “efectos secundarios”, como el vertiginoso cambio del cuerpo, que tiene importantes repercusiones en la psicología del adolescente. También cambia progresivamente el modo de pensar: se pasa de la mentalidad abstracta e ideal propia del adolescente, a una más concreta y práctica, y la transición no puede ser sino a través de ensayos y errores.
Para encontrar su propia forma de ser adulto, el joven siente la necesidad de probar alternativas; por eso un día le gusta el fútbol y al otro el karate; por eso tiene que ir a tres tiendas distintas para elegir las zapatillas que más le gustan. Esto en psicología se llama “moratoria psicosocial”.
Hay estudiosos que aseguran que si no se realiza este proceso se pueden presentar problemas como la identidad prestada -cuando el joven le copia el modo de ser a uno de sus padres- o la prolongación de la adolescencia hasta una edad propia de la adultez. Esta necesidad de probar redunda en un distanciamiento de los padres, que no debiera significar mayores conflictos si éstos saben aceptar esta realidad pasajera y dan al adolescente el espacio que necesita.
Una vez lograda la autonomía, el joven volverá a acercarse, aunque ya no como el seguidor abnegado, sino que los mirará con realismo: se dará cuenta de las imperfecciones de sus padres y la sociedad, pero será capaz de aceptarlos y quererlos, no como en la adolescencia en que sus defectos les parecían intolerables.
Espacio con límites
Respetar la necesidad de independencia de los adolescentes no quiere decir dejarlos hacer lo que quieran. Ellos necesitan límites y normas que guíen su actuar, ya que aún no han madurado y porque otra característica de esta etapa es el sentimiento de superhéroe que los lleva a tomar más riesgos de los razonables.
La psicología le llama “fábula personal” y se resume en la idea de “a mí no me va a pasar”, lo cual se explica por el egocentrismo propio de la edad, que es inevitable ya que están volcados hacia sí mismos por esta búsqueda de identidad.
Ello también fundamenta el delirio de persecución que tienen los adolescentes, llamado “audiencia imaginaria”, que se refiere al sentimiento de que todos están pendientes de cómo se ven o de lo que hacen. Eso sí que la forma de imponer reglas debe ser diferente a la niñez; se debe intentar llegar a acuerdos y explicarle los motivos de las decisiones, ya que el control autoritario sólo provocará rebeliones. Lo ideal es un monitoreo que no invada. Una buena forma es intentar conocer al grupo de amigos, ya que ellos son el referente máximo del joven, como antes lo eran sus padres.
Es muy recomendable abrir la casa para que se junten ahí y así, de forma indirecta, obtener información de las relaciones y costumbres del hijo. Ojo, que esto no significa que los papás participen del asado o que hablen en la jerga de los adolescentes. Tal vez eso le parecería divertido a los amigos del hijo, pero él se sentirá invadido y, además, tarde o temprano le reprochará a sus padres no haber cumplido con su rol.
Quererlos mucho y fortalecer su autoestima
Para tratar con un hijo adolescente no hay recetas, pero sí un consejo general: no dudar que el joven necesita de sus padres. Aunque haya días en que no quiera salir de su pieza, él siempre valorará poder acercarse a conversar cuando lo requiere.
Otra recomendación que sirve en todos los casos es demostrarle que lo quieren tal cual es, sin hacer comparaciones con los demás hijos y reforzándole sus cualidades y habilidades. Muchas veces el adolescente esconde su inseguridad detrás de una máscara de agresividad, pero si se le demuestra cariño sin límites, sufrirá menos en este proceso donde se pone insoportable, en gran parte porque no se soporta a sí mismo.
Lecturas para profundizar
A mayor información, menor es la incertidumbre.
Anímese a leer:
- "Familia y salud de los jóvenes", Ramón Florenzano. Ediciones Universidad Católica.
- "La familia, una aventura", Paulina Elsner y María de la Luz Montero. Ediciones Universidad Católica.
- "Identidad, juventud y crisis", Eric Erikson. Editorial Paidos.- "Adolecer: la aventura de una metamorfosis", Guillermo Carvajal. Editorial Tiresias.
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