martes, 27 de enero de 2009

Paseo 7ºA 2008

viernes, 23 de enero de 2009

COMPAÑIA DE TEATRO"DIENTE DE LECHE"


HOLA A TODOS!!!LES ESCRIBO PARA INVITARLOS CORDIALMENTE A VER LA OBRA "ALICIA, ABRE LOS OJOS" DE NUESTRA COMPAÑÍA DE TEATRO INFANTIL "EL DIENTE DE LECHE" PUEDEN LLEVAR A SUS HIJITOS, PRIMOS, SOBRINOS, HERMANOS, AMIGUITOS, VECINOS PEQUES, A TODOS LOS QUE QUIERAN!!!!!


ES UNA HERMOSA OBRA Y DEJA UN MENSAJE EDUCATIVO PARA LOS NIÑOS DE HOY, ES UN TRABAJO MUY MUY LINDO!!


LA FUNCIÓN ES EL DÍA MIÉRCOLES 4 DE FEBRERO A LAS 20:00 HRS. EN PLAZUELA INDEPENDENCIA, PARADERO 37 Y MEDIO DE VICUÑA MACKENNA, EL VALOR DE LA ENTRADA ES A LUKA Y SE COMPRA EL MISMO DÍA DE LA FUNCIÓN .

UN ABRAZO GIGANTE!!! LOS DEJAMOS SÚPER INVITADOS

Y HAY PERSONAS QUE SABEN QUE NO PUEDEN FALTAR...


CAROLINA ESCOBAR.A.

ACTRIZ

miércoles, 21 de enero de 2009

POLOLEOS ADOLESCENTES

Es un tema delicado que no puede ser tratado con superficialidad. La banalización del amor humano y la sexualidad exige afrontar con seriedad esta etapa por la que van a pasar nuestros hijos.

Pololear en el siglo XXI no debiera ser muy diferente a otras épocas, aunque el impudor es uno de los signos de nuestro tiempo, lo que hace que no se proteja la intimidad como un tesoro valioso: ni en el lenguaje ni en el respeto por el propio cuerpo. Además, las tecnologías han cambiado la forma en que los jóvenes se comunican. Pero el objetivo del pololeo debe seguir siendo siempre el mismo: aprender a querer bien al otro con miras al matrimonio.
No se trata de ponerse graves ni de hacer a las hijas andar con el vestido de novia en la cartera. Más bien de darle al pololeo su justa importancia, puesto que muchos padres ven que sus hijos han llegado a esta etapa sin nunca antes haber conversado el tema. Y eso no puede ser. Para que los hijos empiecen a dar sus primeros pasos en el amor, deben saber que es esencial en toda vida humana, que no es una diversión más. Y deben conocer los límites de las manifestaciones físicas del cariño. Mientras más amor verdadero, más respeto y delicadeza.

De teleserie

Lo primero es preguntarse qué noción del amor tienen nuestros hijos, ya que lo probable es que lo que hayan adquirido no sea su imagen verdadera, sino una vulgar caricatura. En muchos casos se restringe a lo que han visto en televisión o incluso en internet: relaciones falsamente idílicas, que terminan rápidamente donde no corresponde, o, por el contrario, relaciones tormentosas y cargadas de violencia. ¡Qué tristeza si esa imagen refleja los machistas versos de Neruda: “Amo el amor de los marineros, que besan y se van. Dejan una promesa y no vuelven nunca más”. Y, lamentablemente, se ve en ocasiones que no sólo dejan una promesa, sino una criatura.

La Dra. Lilianette Nagel, pediatra de la Unidad de Adolescencia de la Clínica Alemana, ejemplifica: “Los jóvenes pueden abrir sin querer un sitio pornográfico donde ven cosas que sólo deforman su visión del amor. Ello ciertamente influye en su manera de pololear y por eso lo importante como padres es haber sido capaces de desarrollar tal nivel de confianza en los hijos, que ellos mismos cuenten lo que han visto, y uno poder aclarar sus dudas y guiarlos en el pololeo”.
Para algunos, las nuevas tecnologías juegan un rol importante en este distanciamiento. El psicólogo Fabio Sáenz, que trabaja con adolescentes en el centro Serjoven, señala: “Hoy hay muchas más maneras de conocerse. Antes los pololeos salían del grupo de amigos del colegio, a lo más de los amigos de los primos. Pero ahora uno se puede conocer a través del computador e incluso desarrollar una relación por ese medio. Entonces, claro que muchos padres, sobre todo los que no se manejan con estas tecnologías, sienten que perdieron el control”.

Es lo que le ha pasado a Emilio Mora, contador de 38 años, quien reconoce que ha tenido que “espiar” a su hija de 13 años, metiéndose a ver el chat. Y es que no hay otra forma, se excusa. “¿Cómo conocer mejor a la persona con que sale, si jamás le he escuchado la voz por teléfono, pues o la llama al celular o simplemente hablan por el computador?”

Qué es el pololeo

La pregunta que subyace esta problemática parece ser cuán claro tienen los adolescentes lo que es pololear. ¿Lo consideran un tiempo de conocimiento mutuo en el que paulatinamente se debiera abarcar todos los ámbitos de la vida? Los gustos, aficiones e intereses comunes, desde luego, pero también las inquietudes, las nociones de amistad, el sentido de la vida, el valor de la fe, de la familia, etcétera.
Que adquieran esa visión es responsabilidad de los padres. La Dra. Nagel cuenta que en su consulta no es raro ver a niñas ponerse rojas cuando se les hace una pregunta un poco más íntima frente a sus papás, lo que sin duda refleja que el pololeo y sexualidad siguen siendo en estos tiempos un tema tabú en la familia y en la sociedad.
El diálogo con los hijos respecto a este tema es fundamental, pues en ello nos estamos jugando la noción de familia del futuro. Juan Crisóstomo, ya en el siglo IV, dice que los padres no deben de avergonzarse de hablar de lo que Dios no se avergonzó al crear. No se entienden, por tanto, los falsos pudores de los padres frente al descaro de los medios. Pero estas recetas no tienen valor si a los hijos no se les ha enseñado a amar.

Hablar con los hijos sobre el pololeo es fundamental, pues en ello nos jugamos la noción de familia del futuro.


Cómo paliar el impacto de la tecnología

Muchos padres sienten que ya no son partícipes de la vida social y afectiva de sus hijos, puesto que ésta se desarrolla, en gran parte, a través del chat, el celular, Facebook. Al respecto, los especialistas recomiendan:
1. Estar al día.
“Los padres deben aprender, incluso pedir a sus hijos que les muestren qué es y para qué sirve Youtube, Facebook, los fotologs”, opina la Dra. Lilianette Nagel, pediatra. Con esos conceptos frescos en la mente, los padres pueden paliar la distancia física que imponen los nuevos medios. 2. Establecer límites claros.
La fonoaudióloga Lorena Martínez cuenta: “Cuando mi hija mayor se puso a pololear, la tecnología sí jugó un papel, porque ella podía pasar toda la noche hablando por celular o chateando con el pololo. Pero nuestro estilo siempre ha sido establecer las reglas del juego desde el principio, así que hicimos algunos ajustes a las normas que teníamos: si antes a las 9.30 tenía que estar durmiendo, ahora podía hacerlo a las 10.00”.
> Además de definir un horario, se pueden establecer otras normas. Por ejemplo, si van a ir al cine, que el pololo pase a buscar a la casa y, en vez de llamar por celular y decir “estoy afuera”, entre y salude a los papás. Sin afán de darle mayor seriedad al pololeo, esos minutos sirven para conocerlo mejor.

sábado, 17 de enero de 2009

FRASES QUE ES MEJOR CALLAR

Cuando yo tenía tu edad…

Nada de lo que diga después de eso será escuchado por su hijo adolescente. Él mentalmente dirá: “Mis padres no tienen idea que el mundo ha cambiado”. Y es que, como explica el abogado y orientador Antonio Monserrat, hoy nuestros hijos no sólo sienten frente a los adultos el clásico “conflicto generacional” sino que observan que “su” mundo actual no tiene nada que ver con “nuestro” mundo actual. “El mundo de los jóvenes, con sus valores jóvenes, con su moda joven, el vocabulario especial, los horarios nocturnos, las motos, los piercing, etc., va por un lado. El mundo de los adultos va por otro, de forma paralela y no se llegan a encontrar nunca, porque los adultos también tenemos nuestros convencionalismos, nuestro vocabulario, nuestros valores, nuestras canciones, nuestra música”.

Cuando seas más grande, vas a entender...

Es muy cierto que con los años se adquiere sabiduría. Sin embargo, para el adolescente esta frase suena como una tremenda descalificación y además en un área que para ellos es clave: su capacidad de “entender el mundo”. El pediatra Álvaro Sierra explica: “Todos los adolescentes, por livianos que ustedes los crean, son sumamente reflexivos, porque al pasar de la niñez a la adolescencia se han hecho cargo de golpe y porrazo de su intimidad”. Prueba de ello, agrega este pediatra colombiano, autor de numerosos libros, es que “cualquier adulto que se anime a trenzarse en una discusión con su hijo adolescente comprobará que éste tiene una gran capacidad de conceptualización. Yo siempre aconsejo a los padres que no compitan con sus hijos en gimnasia mental, porque es algo que uno siempre lleva perdido. El adolescente tiene las neuronas nuevas”.

¡Por favor, decídete de una vez!

El sentido del tiempo de los adolescentes es radicalmente diferente al de los adultos. De ahí que mientras los veamos muy “lentos” para salir de la casa por las mañanas o para decidirse entre un pantalón u otro en una tienda, nos agobien con sus “urgencias” del tipo: “Necesito ahora, ya, el vestido que usaré en dos meses más”.Antonio Montserrat explica: “La etapa de la adolescencia está caracterizada por la inestabilidad, especialmente emocional. Por un conflicto permanente del adolescente, en primer término, consigo mismo y en segundo lugar, con el entorno, que hasta ese momento le era tradicional”. Su dificultad para decidirse entre varias opciones tiene una raíz en que siente que está todo el tiempo resolviendo conflictos. Entonces, un consejo para los padres: ¡No apurarlos!

Si haces eso una vez más...

La teoría dice que esta frase, a cualquier edad, sólo debe ser pronunciada si uno está seguro de poder cumplir la amenaza. De lo contrario, repetir a cada rato “te voy a dejar sin ver TV todo el año” sólo sirve para volverse increíble ante los hijos. Pero además, Antonio Montserrat hace ver que “la educación de muchos padres con respecto a sus hijos adolescentes se fundamenta en el adverbio “no”. ¡No hagas esto!, ¡no llegues tarde!, ¡no te pongas el aro! ¿Qué eficacia puede tener para los adolescentes una educación basada en el no, cuando su corazón les pide síes?”.

Eres un inútil, no sirves para nada…

“Se ha dicho, que la infancia es un período de organización, la adolescencia de desorganización y la madurez de reorganización”, dice Antonio Montserrat y agrega: “Esa desorganización permanente del adolescente corresponde a un período normal y hemos de estar prevenidos porque esto ocurrirá sí o sí, y si no ocurriera, mal asunto”. Con respecto a las descalificaciones, señala: “Hay que abrirles horizontes, no cortárselos, no encerrarles. Hay que darles salidas grandiosas, porque la adolescencia es la época del surgir de las vocaciones profesionales, de las grandes entregas; de las vocaciones religiosas, del amor por la investigación, el desarrollo intelectual. Todo eso hay que fomentarlo, no irlos encerrando cada vez más en cosas que muchísimas veces no tienen la más mínima importancia, que si tiene pelo largo, que si tiene el pelo corto…”

¡No puedo creerlo! ¿Cómo hiciste eso?

“El adolescente necesita que sus padres sean capaces de recibir una confidencia sin recriminar”, afirma el pediatra Álvaro Sierra. “Si en vez de decirle: “¡Por qué hiciste esto, qué torpe eres...!”, un padre se dedica a escuchar, escuchar, escuchar, con una sonrisa en los labios aunque por dentro quiera matarlo, estrangularlo… Créanme, esto da maravillosas consecuencias a futuro. Porque a partir de ese momento el padre ya es un confidente. La adolescencia es una etapa en que los padres deben entender que ya no es tiempo de sermón, sino tiempo de consejos. Pero para lograr la confidencia hay que hablar poco y escuchar mucho”.

Yo sé, porque te conozco mejor que nadie.

Ocurre justo lo contrario: el adolescente siente que sus padres no lo conocen nada. Esta sensación se origina en un hecho real: él actúa distinto fuera de su casa. Álvaro Sierra cuenta: “Me sucede con mis propios hijos que en casa son como un puercoespín, no hay por donde cogerlos. Y en la calle me dicen: ¡qué simpático es tu muchacho! Y que como decían nuestras abuelas, son “luz de la calle y oscuridad de la casa”. Pero esto así, tiene que ser así, asegura este pediatra, porque el adolescente tiene un tremendo deseo de socializar “fuera” de casa como un modo de crecer y alejarse de la infancia.

No me gusta ese amigo tuyo...

“Los papás mencionan con demasiada frecuencia esta frase -explica Álvaro Sierra- porque saben poco de estrategia de guerra y olvidan que los adolescentes tienen solidaridad de grupo. Te vas contra uno y todos a una se van contra ti. Si tú le hablas mal a un adolescente de su amigo, tienes ya dos enemigos, tu hijo y su amigo”. Cuando veamos que un amigo no conviene, lo indicado es plantear la conversación en términos de cómo ayudar a ese amigo, valorando que el nuestro lo defienda. “La lealtad es a la amistad como la fidelidad es a la conyugalidad: un paso previo”, dice.

Comprensión
Para mejorar el diálogo con un hijo adolescente es útil comprender el momento que está viviendo. Según Antonio Monserrat él debe:
> Ajustarse a un nuevo sentido físico de sí mismo.
> Ajustarse a nuevas capacidades intelectuales.
> Ajustarse a crecientes demandas cognitivas.
> Desarrollar habilidades verbales expandidas.
> Desarrollar un sentido personal de identidad.
> Establecer fines vocacionales adultos.
> Establecer independencia emocional y psicológica de sus padres.
> Desarrollar relaciones estables y productivas con sus iguales.
> Manejar su sexualidad.
> Adoptar un sistema personal de valores.
> Controlar sus impulsos.
> Adquirir madurez en la conducta.

Decálogo de la paciencia
Los padres de hijos adolescentes siempre reciben como consejo: “ten paciencia”. ¿Qué significa esto en concreto?
> Estar presentes sin atosigarles.
> Corregirles sin irritarles.
> Dirigirlos sin esclavizarles.
> Quererles sin invadirles.
> Alentarles sin mimarles.
> Enderezarles sin humillarles.
> Comprenderles, comprenderles, comprenderles.
> Esto todos los días y todas las horas y todos los momentos, ¡esto es paciencia!

domingo, 11 de enero de 2009

jueves, 8 de enero de 2009

AMOR RAYADO

Estoy en medio de una plaza,rayando lo que puedo,solo escucho mi música.Viene un Paco y me arranco.Estoy enamorado y ella no.Rayo un local desocupado.Creo que ella le gusta otro.Rayo una iglesia y el cura me sermonea.Yo antes a ella le gustaba pero ya no.El cura me sigue sermoneando y salgo corriendo.Cuando estaba conmigo me juro amor eterno.Estoy en una luz roja y mi música solo me deja pensar en ella.Rayo una pared,me tocan la espalda.La paola(pienso).Me doy doy vuelta y un Paco me mira.

miércoles, 7 de enero de 2009

paseo fin de año 2008

Crazy Diamond

ADOLESCENCIA: TIEMPO PARA ACTUAR

El idealismo, la creatividad y el coraje que tienen los adolescentes son la materia prima perfecta para emprender proyectos y forjar ideales altos. Los padres deben ayudarlos a encauzar hacia allá esta energía.
Es común escuchar a padres de adolescentes decir que no saben qué hacer para que sus hijos despierten, pues andan como zombies lateados por la vida.
Pero quien se dé el trabajo de observar a un adolescente, por ejemplo, mientras éste ve las noticias, encontrará muchas sorpresas y luces. Expresiones de rabia, descontento y decepción irán pasando por su cara a medida que ve historias de pobreza, injusticia y dolor. Esto se observaría en la mayoría de los jóvenes, pues la incomodidad apasionada con lo establecido y el deseo de corregirlo es una de las características de la adolescencia. Tiene que ver con el marcado egocentrismo de la edad, básico para el moldeo de la propia identidad. Pero lo que pasa después de que se acaban las noticias difiere mucho de un joven a otro. Unos seguirán sus vidas como si nada, otros quedarán llenos de resentimientos y un grupo, en cambio, decidirá hacer algo al respecto.

No hacer por hacer
En esta determinación por no quedarse de brazos cruzados, los padres son vitales, pues ellos pueden ayudar al joven a canalizar sus inquietudes y a concretar planes realistas. Para hacerlo bien, lo primero que deben tener claro es que no hay proyectos mejores que otros: un joven optará por formar un grupo para ir a armar mediaguas y otro se propondrá no pelear con el hermano chico.
Por eso, para poder realmente motivar a un hijo, es necesario conocerlo muy bien, saber qué le preocupa, qué lo hace llorar o reír. También cuáles son sus habilidades y sus puntos débiles. Luego, intentar conversar con él, pero no de manera formal o cuando los papás quieran. “Sólo así se llega a la meta, que no es hacer, sino ser. Los papás a veces se obsesionan con que los adolescentes hagan muchas actividades para que no estén viendo televisión, pero ¿esas acciones tienen un sentido, están llevándolo a ser quien verdaderamente es?”, reflexiona la filósofa Solange Favereau, profesora del Colegio Santa Úrsula.
En este sentido, recalca que es fundamental que los padres eduquen por ideales y no por objetivos. Porque los objetivos se cumplen y se desvanecen, en cambio los ideales se siembran en el corazón de cada hijo y son un motor que siempre llevará a una mayor perfección.

Darles libertad y confianza
“Cuando a un adolescente le confías algo tal vez no cumpla a la velocidad que uno quisiera, pero nunca te decepciona”, dice Mónica Ruiz Tagle, docente de la Escuela de Pedagogía de la U. de los Andes. Con la experiencia de más de tres décadas en colegios, agrega: “Hay un gran error de los papás. Sus hijos ven cómo a medida que se acerca la adolescencia empiezan a aterrarse y sólo esperan a que se les pase lo adolescentes”.
Muchas veces estos mismos papás han sido sobreprotectores: por un cariño mal entendido no han dejado que el hijo sufra las consecuencias de sus equivocaciones y han hecho de puente para que nunca se caiga. Luego, cuando el niño crece, se sorprenden de que sea poco proactivo e inseguro.

Capaces de mucho más
Entonces, dejar de ver a los adolescentes como unos seres limitados y esclavos de las hormonas, es un desafío clave. Son nobles, llenos de ideales, leales con los amigos, luchadores por sus causas, capaces de desgastarse por lo que creen correcto y con una energía física ideal.
Sí, es cierto que experimentan altibajos y que lo que un día los entusiasmó, al otro puede no moverles ni una fibra. Ahí los padres deben actuar como estabilizadores: dejarles un libro motivante en el velador, ofrecerles llevarlos a fútbol o la reunión que tengan.
Darles responsabilidades dentro de la casa también funciona, ya que deben cumplirlas independiente de su estado de ánimo. Pero respetar algunos espacios es necesario. “Cuando está “perdiendo el tiempo” tirado en su cama, en realidad está reflexionando. Y hoy, con tanto ruido exterior, más fuerte debe ser el mundo interior”, advierte Solange Favereau.
Otra manera en que los padres pueden ayudar a los jóvenes a saber lo capaces que son, es hacerlos participar afectivamente en la familia, pedirles su opinión. También tener ritmos en la casa que acojan al adolescente.
Por ejemplo, si él tiene deporte el sábado en la mañana preguntarle si no apoyaría correr la hora de almuerzo para más tarde y así él alcance a llegar. Aunque los padres crean que el adolescente no necesita a la familia ni se interesa por ella: deben saber que esta indiferencia es una careta y que guarda en su corazón cada gesto de amor.Por eso mismo, el testimonio viviente que pueden ser los papás es de las mejores formas de alentar al adolescente. Si él ve que son sacrificados, que están pendientes las necesidades de los demás, que leen o hacen deporte, que no se quejan, que cumplen con sus responsabilidades aunque estén cansados y que viven contentos, sin duda seguirá ese ideal.

Hay que mostrarles a los jóvenes que nada de lo que tienen es su derecho. La familia y la educación son regalos que deben cuidar y llenar de sentido.