miércoles, 21 de enero de 2009

POLOLEOS ADOLESCENTES

Es un tema delicado que no puede ser tratado con superficialidad. La banalización del amor humano y la sexualidad exige afrontar con seriedad esta etapa por la que van a pasar nuestros hijos.

Pololear en el siglo XXI no debiera ser muy diferente a otras épocas, aunque el impudor es uno de los signos de nuestro tiempo, lo que hace que no se proteja la intimidad como un tesoro valioso: ni en el lenguaje ni en el respeto por el propio cuerpo. Además, las tecnologías han cambiado la forma en que los jóvenes se comunican. Pero el objetivo del pololeo debe seguir siendo siempre el mismo: aprender a querer bien al otro con miras al matrimonio.
No se trata de ponerse graves ni de hacer a las hijas andar con el vestido de novia en la cartera. Más bien de darle al pololeo su justa importancia, puesto que muchos padres ven que sus hijos han llegado a esta etapa sin nunca antes haber conversado el tema. Y eso no puede ser. Para que los hijos empiecen a dar sus primeros pasos en el amor, deben saber que es esencial en toda vida humana, que no es una diversión más. Y deben conocer los límites de las manifestaciones físicas del cariño. Mientras más amor verdadero, más respeto y delicadeza.

De teleserie

Lo primero es preguntarse qué noción del amor tienen nuestros hijos, ya que lo probable es que lo que hayan adquirido no sea su imagen verdadera, sino una vulgar caricatura. En muchos casos se restringe a lo que han visto en televisión o incluso en internet: relaciones falsamente idílicas, que terminan rápidamente donde no corresponde, o, por el contrario, relaciones tormentosas y cargadas de violencia. ¡Qué tristeza si esa imagen refleja los machistas versos de Neruda: “Amo el amor de los marineros, que besan y se van. Dejan una promesa y no vuelven nunca más”. Y, lamentablemente, se ve en ocasiones que no sólo dejan una promesa, sino una criatura.

La Dra. Lilianette Nagel, pediatra de la Unidad de Adolescencia de la Clínica Alemana, ejemplifica: “Los jóvenes pueden abrir sin querer un sitio pornográfico donde ven cosas que sólo deforman su visión del amor. Ello ciertamente influye en su manera de pololear y por eso lo importante como padres es haber sido capaces de desarrollar tal nivel de confianza en los hijos, que ellos mismos cuenten lo que han visto, y uno poder aclarar sus dudas y guiarlos en el pololeo”.
Para algunos, las nuevas tecnologías juegan un rol importante en este distanciamiento. El psicólogo Fabio Sáenz, que trabaja con adolescentes en el centro Serjoven, señala: “Hoy hay muchas más maneras de conocerse. Antes los pololeos salían del grupo de amigos del colegio, a lo más de los amigos de los primos. Pero ahora uno se puede conocer a través del computador e incluso desarrollar una relación por ese medio. Entonces, claro que muchos padres, sobre todo los que no se manejan con estas tecnologías, sienten que perdieron el control”.

Es lo que le ha pasado a Emilio Mora, contador de 38 años, quien reconoce que ha tenido que “espiar” a su hija de 13 años, metiéndose a ver el chat. Y es que no hay otra forma, se excusa. “¿Cómo conocer mejor a la persona con que sale, si jamás le he escuchado la voz por teléfono, pues o la llama al celular o simplemente hablan por el computador?”

Qué es el pololeo

La pregunta que subyace esta problemática parece ser cuán claro tienen los adolescentes lo que es pololear. ¿Lo consideran un tiempo de conocimiento mutuo en el que paulatinamente se debiera abarcar todos los ámbitos de la vida? Los gustos, aficiones e intereses comunes, desde luego, pero también las inquietudes, las nociones de amistad, el sentido de la vida, el valor de la fe, de la familia, etcétera.
Que adquieran esa visión es responsabilidad de los padres. La Dra. Nagel cuenta que en su consulta no es raro ver a niñas ponerse rojas cuando se les hace una pregunta un poco más íntima frente a sus papás, lo que sin duda refleja que el pololeo y sexualidad siguen siendo en estos tiempos un tema tabú en la familia y en la sociedad.
El diálogo con los hijos respecto a este tema es fundamental, pues en ello nos estamos jugando la noción de familia del futuro. Juan Crisóstomo, ya en el siglo IV, dice que los padres no deben de avergonzarse de hablar de lo que Dios no se avergonzó al crear. No se entienden, por tanto, los falsos pudores de los padres frente al descaro de los medios. Pero estas recetas no tienen valor si a los hijos no se les ha enseñado a amar.

Hablar con los hijos sobre el pololeo es fundamental, pues en ello nos jugamos la noción de familia del futuro.


Cómo paliar el impacto de la tecnología

Muchos padres sienten que ya no son partícipes de la vida social y afectiva de sus hijos, puesto que ésta se desarrolla, en gran parte, a través del chat, el celular, Facebook. Al respecto, los especialistas recomiendan:
1. Estar al día.
“Los padres deben aprender, incluso pedir a sus hijos que les muestren qué es y para qué sirve Youtube, Facebook, los fotologs”, opina la Dra. Lilianette Nagel, pediatra. Con esos conceptos frescos en la mente, los padres pueden paliar la distancia física que imponen los nuevos medios. 2. Establecer límites claros.
La fonoaudióloga Lorena Martínez cuenta: “Cuando mi hija mayor se puso a pololear, la tecnología sí jugó un papel, porque ella podía pasar toda la noche hablando por celular o chateando con el pololo. Pero nuestro estilo siempre ha sido establecer las reglas del juego desde el principio, así que hicimos algunos ajustes a las normas que teníamos: si antes a las 9.30 tenía que estar durmiendo, ahora podía hacerlo a las 10.00”.
> Además de definir un horario, se pueden establecer otras normas. Por ejemplo, si van a ir al cine, que el pololo pase a buscar a la casa y, en vez de llamar por celular y decir “estoy afuera”, entre y salude a los papás. Sin afán de darle mayor seriedad al pololeo, esos minutos sirven para conocerlo mejor.

No hay comentarios: