Cuando yo tenía tu edad…
Nada de lo que diga después de eso será escuchado por su hijo adolescente. Él mentalmente dirá: “Mis padres no tienen idea que el mundo ha cambiado”. Y es que, como explica el abogado y orientador Antonio Monserrat, hoy nuestros hijos no sólo sienten frente a los adultos el clásico “conflicto generacional” sino que observan que “su” mundo actual no tiene nada que ver con “nuestro” mundo actual. “El mundo de los jóvenes, con sus valores jóvenes, con su moda joven, el vocabulario especial, los horarios nocturnos, las motos, los piercing, etc., va por un lado. El mundo de los adultos va por otro, de forma paralela y no se llegan a encontrar nunca, porque los adultos también tenemos nuestros convencionalismos, nuestro vocabulario, nuestros valores, nuestras canciones, nuestra música”.
Cuando seas más grande, vas a entender...
Es muy cierto que con los años se adquiere sabiduría. Sin embargo, para el adolescente esta frase suena como una tremenda descalificación y además en un área que para ellos es clave: su capacidad de “entender el mundo”. El pediatra Álvaro Sierra explica: “Todos los adolescentes, por livianos que ustedes los crean, son sumamente reflexivos, porque al pasar de la niñez a la adolescencia se han hecho cargo de golpe y porrazo de su intimidad”. Prueba de ello, agrega este pediatra colombiano, autor de numerosos libros, es que “cualquier adulto que se anime a trenzarse en una discusión con su hijo adolescente comprobará que éste tiene una gran capacidad de conceptualización. Yo siempre aconsejo a los padres que no compitan con sus hijos en gimnasia mental, porque es algo que uno siempre lleva perdido. El adolescente tiene las neuronas nuevas”.
¡Por favor, decídete de una vez!
El sentido del tiempo de los adolescentes es radicalmente diferente al de los adultos. De ahí que mientras los veamos muy “lentos” para salir de la casa por las mañanas o para decidirse entre un pantalón u otro en una tienda, nos agobien con sus “urgencias” del tipo: “Necesito ahora, ya, el vestido que usaré en dos meses más”.Antonio Montserrat explica: “La etapa de la adolescencia está caracterizada por la inestabilidad, especialmente emocional. Por un conflicto permanente del adolescente, en primer término, consigo mismo y en segundo lugar, con el entorno, que hasta ese momento le era tradicional”. Su dificultad para decidirse entre varias opciones tiene una raíz en que siente que está todo el tiempo resolviendo conflictos. Entonces, un consejo para los padres: ¡No apurarlos!
Si haces eso una vez más...
La teoría dice que esta frase, a cualquier edad, sólo debe ser pronunciada si uno está seguro de poder cumplir la amenaza. De lo contrario, repetir a cada rato “te voy a dejar sin ver TV todo el año” sólo sirve para volverse increíble ante los hijos. Pero además, Antonio Montserrat hace ver que “la educación de muchos padres con respecto a sus hijos adolescentes se fundamenta en el adverbio “no”. ¡No hagas esto!, ¡no llegues tarde!, ¡no te pongas el aro! ¿Qué eficacia puede tener para los adolescentes una educación basada en el no, cuando su corazón les pide síes?”.
Eres un inútil, no sirves para nada…
“Se ha dicho, que la infancia es un período de organización, la adolescencia de desorganización y la madurez de reorganización”, dice Antonio Montserrat y agrega: “Esa desorganización permanente del adolescente corresponde a un período normal y hemos de estar prevenidos porque esto ocurrirá sí o sí, y si no ocurriera, mal asunto”. Con respecto a las descalificaciones, señala: “Hay que abrirles horizontes, no cortárselos, no encerrarles. Hay que darles salidas grandiosas, porque la adolescencia es la época del surgir de las vocaciones profesionales, de las grandes entregas; de las vocaciones religiosas, del amor por la investigación, el desarrollo intelectual. Todo eso hay que fomentarlo, no irlos encerrando cada vez más en cosas que muchísimas veces no tienen la más mínima importancia, que si tiene pelo largo, que si tiene el pelo corto…”
¡No puedo creerlo! ¿Cómo hiciste eso?
“El adolescente necesita que sus padres sean capaces de recibir una confidencia sin recriminar”, afirma el pediatra Álvaro Sierra. “Si en vez de decirle: “¡Por qué hiciste esto, qué torpe eres...!”, un padre se dedica a escuchar, escuchar, escuchar, con una sonrisa en los labios aunque por dentro quiera matarlo, estrangularlo… Créanme, esto da maravillosas consecuencias a futuro. Porque a partir de ese momento el padre ya es un confidente. La adolescencia es una etapa en que los padres deben entender que ya no es tiempo de sermón, sino tiempo de consejos. Pero para lograr la confidencia hay que hablar poco y escuchar mucho”.
Yo sé, porque te conozco mejor que nadie.
Ocurre justo lo contrario: el adolescente siente que sus padres no lo conocen nada. Esta sensación se origina en un hecho real: él actúa distinto fuera de su casa. Álvaro Sierra cuenta: “Me sucede con mis propios hijos que en casa son como un puercoespín, no hay por donde cogerlos. Y en la calle me dicen: ¡qué simpático es tu muchacho! Y que como decían nuestras abuelas, son “luz de la calle y oscuridad de la casa”. Pero esto así, tiene que ser así, asegura este pediatra, porque el adolescente tiene un tremendo deseo de socializar “fuera” de casa como un modo de crecer y alejarse de la infancia.
No me gusta ese amigo tuyo...
“Los papás mencionan con demasiada frecuencia esta frase -explica Álvaro Sierra- porque saben poco de estrategia de guerra y olvidan que los adolescentes tienen solidaridad de grupo. Te vas contra uno y todos a una se van contra ti. Si tú le hablas mal a un adolescente de su amigo, tienes ya dos enemigos, tu hijo y su amigo”. Cuando veamos que un amigo no conviene, lo indicado es plantear la conversación en términos de cómo ayudar a ese amigo, valorando que el nuestro lo defienda. “La lealtad es a la amistad como la fidelidad es a la conyugalidad: un paso previo”, dice.
Comprensión
Para mejorar el diálogo con un hijo adolescente es útil comprender el momento que está viviendo. Según Antonio Monserrat él debe:
> Ajustarse a un nuevo sentido físico de sí mismo.
> Ajustarse a nuevas capacidades intelectuales.
> Ajustarse a crecientes demandas cognitivas.
> Desarrollar habilidades verbales expandidas.
> Desarrollar un sentido personal de identidad.
> Establecer fines vocacionales adultos.
> Establecer independencia emocional y psicológica de sus padres.
> Desarrollar relaciones estables y productivas con sus iguales.
> Manejar su sexualidad.
> Adoptar un sistema personal de valores.
> Controlar sus impulsos.
> Adquirir madurez en la conducta.
Decálogo de la paciencia
Los padres de hijos adolescentes siempre reciben como consejo: “ten paciencia”. ¿Qué significa esto en concreto?
> Estar presentes sin atosigarles.
> Corregirles sin irritarles.
> Dirigirlos sin esclavizarles.
> Quererles sin invadirles.
> Alentarles sin mimarles.
> Enderezarles sin humillarles.
> Comprenderles, comprenderles, comprenderles.
> Esto todos los días y todas las horas y todos los momentos, ¡esto es paciencia!
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)






1 comentario:
Me choca la segunda frase. Si tienes un argumento, preséntalo, no intentes descalificar ya que sólo alienarás a la persona que intentas convencer y dejará de escucharte.
Publicar un comentario