Un viejo refrán dice: “Si no vives como piensas, terminarás pensando como vives”. Lamentablemente, en la era de la información, tenemos cada vez menos tiempo para pensar y, por ello, es probable que sintamos que nuestra vida es manejada por fuerzas externas.
Amor líquido versus Amor sólido
El amor líquido es cambiante y frágil. tan pronto desaparece el interés de uno de sus miembros, se va. El amor sólido pesa, no se deja arrastrar por el viento.
El filósofo Zygmunt Bauman ha creado una gráfica metáfora para prevenir las debilidades de los vínculos afectivos de hoy: “el amor líquido”. Según explica, el ser humano siente un impulso natural por relacionarse con otros; sin embargo, actualmente se tiende a “mantener los lazos flojos para poder desanudarlos”.
El amor líquido, la modernidad líquida, el miedo líquido…, son todas imágenes de este autor, que intentan describir el sentimiento de cambio y de transitoriedad que marcan la vida del hombre actual. “Los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo: duran, mientras que los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen. Como la desregulación, la flexibilización o la liberalización de los mercados”, dice Bauman.
Las consecuencias de esta disposición actual para no amar -propia de la “modernidad líquida”- son descritas con gran detalle en los libros de Bauman y resultan terroríficas. El amor líquido cobra víctimas en las relaciones de pareja y con el prójimo, en las agresivas relaciones internacionales donde se mezclan la xenofobia, el desprecio a los extraños (inmigrantes, refugiados, minorías étnicas), la indiferencia hacia el destino de las víctimas de las guerras, etc.
Si bien los planteamientos de Bauman suenan pesimistas, cree que existe una salida: “la búsqueda de la humanidad en común y de las acciones que se desprenden de ella”.
Ser feliz versus La vida lograda
La auténtica felicidad humana está al final del camino, aunque la comencemos a paladear al entender que vamos llegando.
Alejandro Llano, filósofo, es profesor de metafísica en la Universidad de Navarra, España, hace más de treinta años. El título de muchos de sus libros dan cuenta de algo que atraviesa toda su obra: el sentido del humor.
“La vida lograda” también es una certera imagen que él propone a cambio de la palabra, tan manoseada, “felicidad”.
En síntesis, el autor expresa que consigue la plenitud vital quien sabe tener una meta, que no es un simple plan o propósito. Se trata más bien de perseguir un ideal. En el camino a él, por cierto existen momentos difíciles, obstáculos y tropiezos, pero quien sabe que tomó el rumbo correcto, siente a la vez el gozo que otorga saber que se aproxima a la felicidad.Aunque esta teoría podría aplicarse al hombre de cualquier época, Alejandro Llano previene de matices que la hacen mucho más importante de aplicar a la generación actual: sobre todo para muchos jóvenes, hoy, la felicidad es algo que “me pasa”. Se suman el contexto de la globalización, la flexibilidad laboral, los desplazamientos intercontinentales, la hiper comunicación virtual… En este contexto, la vida lograda sólo la alcanza quien entiende que es sinónimo de dar lo mejor de sí mismo, porque esa es una decisión libre, en la que la persona participa activamente.
Idea central de su pensamiento: “Lo recto es siempre lo correcto, y lo correcto equivale a lo corregido”. Buscar el bien y superarse a sí mismo es sinónimo de camino ascendente, pero lleva a la vida lograda. Otra idea importante: esta vida lograda, a costa de determinación y superación, es social. Es ética llevada a la vida práctica. El hombre se prueba a sí mismo en un juego constante con los demás, pero no en un juego de lucha sino de entrega. De ahí que su teoría contenga una fuerte crítica a las situaciones que dificultan hoy la articulación de la persona con la sociedad.
La familia como relación versus Una institución
La familia no se impone desde fuera, sino que se hace puertas adentro con unos vínculos de sangre, historia, identidad y reciprocidad.
En justicia, tal vez el principal exponente de la llamada “sociología relacional” sea hoy Pier Paolo Donatti. Su definición de familia es lúcida para estos tiempos: “La familia es la única relación de plena reciprocidad entre los sexos y las generaciones”. Donatti deja fuera de esta definición a todas las otras relaciones que no incorporan la plena reciprocidad entre un hombre y una mujer, y las cerradas a la vida, pues sin la apertura dejan de existir las relaciones tri-generacionales: abuelos, hijos, nietos.
Sin embargo, la psicóloga italiana Vittoria Maioli va al fondo de esta idea, entrando en el corazón de las relaciones familiares. Su planteamiento central es que la educación de los hijos parte por la toma de conciencia de “ser” padre/madre y no de “hacer” de padre/madre. La diferencia es clave ya que “ser” implica un cambio total de vida luego de la llegada de un hijo, una transformación enriquecedora de la identidad.
La teoría de familia como relación, fija la fortaleza familiar en los vínculos internos. Si los padres asumen su tarea de guías, es porque entienden que con su ejemplo, entrega, dedicación, influirán decisivamente en el futuro de sus hijos. Y no sólo en su rendimiento escolar, como lamentablemente hoy se cree, sino en todas las dimensiones esenciales de la personalidad: biológicas, afectivas, sentimentales y espirituales. Y todo ello se vive internamente en el hogar, a nivel “relacional”.
El libro “Padres e hijos. La relación que nos constituye”, fue un best seller en Italia, cuando se publicó en 1996. La posterior edición española fue prologada por Aquilino Polaino-Lorente, catedrático de Psicopatología.
La sociedad adolescéntrica versus El sexo olvidado
El error de poner a la pareja adolescente como ideal romántico lo paga una sociedad que reduce el sexo a rendimiento y funcionalidad.
En su libro “El sexo olvidado”, Tony Anatrella plantea que uno de los mayores errores de nuestro tiempo radica en alzar como ideal romántico a la pareja adolescente, arrebatada de emociones, eficiente sexualmente, valiente para vivir el presente, pero sin ganas de planificar el futuro. A su juicio, este error se debe a que toda nuestra sociedad es “adolescéntrica”, porque los adultos, insatisfechos con su vida, miran con una envidia patológica ese espectáculo vigoroso de la juventud, habiendo “olvidado” algo mejor: la vivencia integradora e integrada de la sexualidad a un proyecto de vida que es compartido con otro y, por ende, tiene repercusiones sociales.
A juicio de Anatrella, el inicio de esta mirada errónea sobre la sexualidad coincide con la revolución de 1968, cuando la sexualidad infantil sirvió de referente psicológico para la liberación sexual. La vida instintiva parecía más auténtica que la vida culturalmente transformada de los adultos. No obstante, este autor señala que el tiempo ha confirmado lo que ya entonces era filosófica y psicológicamente predecible: la sociedad, sobre todo los medios de comunicación, rompieron el tabú sexual, pero construyeron otro, en que la parte afectiva, los sentimientos, pasaron a un plano personal, oculto, en donde nadie entra, ni la pareja ocasional, ni siquiera la misma persona que no quiere reconocer que está incompleta.El drama radica en que esta mentalidad, aparentemente liberada, esclaviza al joven a la eficiencia y al rendimiento, pues es muy individualista. “Cada vez hay menos lugar para la expresión de los sentimientos”, dice Anatrella.
En este contexto, el sexo olvidado es el más humano de todos. El sexo matrimonial, una vivencia “de cuerpo y alma” que hace fecundo al hombre porque dirige sus fuerzas afectivas y pasionales a mejorar la realidad del ser amado. Ese sexo de la donación, contiene una concepción de hombre y mujer radicalmente opuesta a la de la sociedad adolescéntrica.
El alma hambrienta versus El paladar refinado
“Dime cómo y con quién comes, y te diré cómo eres”, parece decir este autor, que previene de la anorexia espiritual que supone separar la alimentación de un rito tan simple como es comer juntos en familia.
La agencia internacional Aceprensa escribe de este autor: “León Kass forma parte de un grupo destacado de autores contemporáneos, como Martha Nussbaum (“La fragilidad del bien”) o Alasdair MacIntyre (“Animales racionales y dependientes”), que desde los Estados Unidos han iniciado una vuelta a temas clásicos de antropología, con una visión -valga la redundancia- más humana del hombre y de la mujer. Su osadía consiste en presentar la fragilidad, la vulnerabilidad, la dependencia, la necesidad de alimento, etc., como características esenciales de nuestra naturaleza, alejándonos de la imagen de super-hombre…”
María Pía Chirinos, estudiosa de la obra de Kass, escribe: “La tesis de fondo del libro es la siguiente: ¿puede el hombre perfeccionarse mientras come? La respuesta de Kass es afirmativa: no sólo es posible sino necesario. En esto consiste la humanización de nuestras necesidades: En la comida humanizada, podemos alimentar nuestras almas mientras alimentamos nuestros cuerpos…, pues para los que comprenden cuál es el significado de comer y el de sus almas hambrientas, la necesidad se convierte en la madre de las virtudes propiamente humanas: la libertad, la compasión, la moderación, el ennoblecimiento, el gusto, la liberalidad, la delicadeza, la gracia, el ingenio, la gratitud y la devoción”.
León Kass rechaza igual el trasfondo de consumismo propio de lo que denomina “gastromanía” de los paladares refinados, como la eliminación de los ritos que supone el Fast food. En ambos casos, por centrar toda la atención del que come en la comida misma, “se pierden oportunidades para la conversación, la comunión y la apreciación estética; así se frustran los otros apetitos del alma”.
jueves, 23 de julio de 2009
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