
En una sociedad erotizada, el despertar sexual de los niños requiere ser encausado por los padres.
Puede que un niño vea exclusivamente programas de televisión para su edad, pero aún así es capaz de bailar al ritmo de “la gasolina”. Por distintos lados, la música llegó a sus oídos, al punto que conoce la letra (y los pasos característicos) de memoria. De más está decirlo: vivimos en una sociedad erotizada. Quizás por eso da la impresión que la pubertad -que se define como el momento en que los órganos reproductivos empiezan a funcionar- llega antes de lo esperado. El despertar sexual, propio de esta etapa, es en realidad una gran explosión hormonal que algunos niños, especialmente mujeres, transforman en un peligroso juego.
Viene el cambio
El despertar sexual es producto de los cambios hormonales que ocurren en la pubertad. Esto genera transformaciones físicas y psicológicas que escapan al control de la persona y que implican un proceso de redescubrimiento del propio cuerpo. “Surgen sensaciones sexuales y emocionales desconocidas hasta el momento”, señala Carmen Gloria Fenieux, psicóloga de adolescentes y adultos. “Al mismo tiempo, un sentimiento de extrañamiento y de miedo, más evidente en las mujeres debido a cómo se desarrolla en ellas el despertar sexual”.Y es que lo que en los hombres ocurre más tarde y de manera más privada (excitación, poluciones nocturnas), en ellas se hace evidente por los cambios corporales. “Las niñas se dan cuenta que el resto las empieza a mirar de forma distinta. Por ello, la implantación de la sexualidad les viene desde fuera, desde la mirada de los otros, y eso las confunde y asusta”, agrega la especialista.El percatarse de los cambios físicos y del impacto que ellos generan en los otros es lo propio de esta etapa. “En general las niñas se sienten sorprendidas y culpables por algo que ellas no provocan y entonces suelen vivir con mucha vergüenza este redescubrimiento de su cuerpo. Otras pueden tender a explotar esta potencialidad erógena de su cuerpo como una manera de ser reconocidas y valoradas”.
Dos posibles causas
¿Por qué algunas niñas la explotan y otras no? “Vivimos en una cultura de la imagen. La televisión y los medios en general promueven valores estéticos en desmedro de otras características de la persona”, dice la especialista. “Ser atractiva, bonita, sexy está sobrevalorado.
A esta exigencia hay que agregar que los patrones estéticos tienden a ser estereotipados”. En el caso de los niños, un poco más libres de estas exigencias, los temores van por el lado de la virilidad, de cuán hombres son. “Sienten la presión del grupo, necesitan mostrar que son fuertes, y por eso están más dispuestos a competir”. La actitud de los padres puede ser causa inconsciente de estas manifestaciones. “Muchos se proyectan en sus hijos: las mamás quieren que sus hijas sean cotizadas y los papás, que sus hijos sean bien machos y salgan con las más bonitas.
Por el contrario: tienen que darse cuenta que son todavía niños, que se están empezando a relacionar con los demás; lo otro es someterlos a exigencias alejadas de los intereses y necesidades de ellos”. Es importante jamás usar la burla o decir cosas del tipo “vamos, campeón” al referirse a las primeras relaciones amorosas de los hijos.Además, a esa edad (10, 12 años) las mujeres en su fantasía visualizan la relación sexual como algo altamente amenazante. De hecho, requieren de mucho tiempo para metabolizar esos sentimientos y transformarlos en algo “amoroso”. “Por eso es importante evitar la sexualidad precoz y las actitudes sobresexualizadas, ya que eso puede distorsionar su autoimagen y dificultar un desarrollo más integral. Asimismo, les puede generar problemas entre sus pares, quienes las empiezan a discriminar y valorar sólo por sus atributos físicos”.
Tarea para los padres
Aunque es difícil -por las barreras que ponen los hijos-, los padres deben hablar a tiempo. Una actitud contenedora, pero no invasiva, es fundamental. “La diferencia la hace el saber aprovechar los momentos de intimidad, como cuando te cuentan algo sobre una amiga, para conversar con ellos sobre estos temas. Es importante no invadir al estilo de: ‘hijo, tenemos que hablar’”, señala Carmen Gloria Fenieux. O sea, no saturarlos con información. Los niños no están dispuestos a escuchar cátedras de sus padres sobre sexualidad, ni tampoco preparados psicológicamente para saberlo todo. Por el contrario, hay que estar atentos para hablarlo cuando ellos lo pidan. Es ahí, y también en el día a día, cuando se presentan las mejores ocasiones para transmitir valores como el respeto hacia el propio cuerpo, validar la privacidad y hacerlos tomar conciencia de la importancia de los límites y del pudor. “Respetar los espacios de privacidad propios y de los hijos es muy importante”, agrega la psicóloga. “Por ejemplo, que la mamá cierre la puerta del baño cuando éstos alcanzan cierta edad; así enseña que hay una intimidad que cuidar”. Otra indicación apunta a buscar alternativas a programas de televisión que sólo se centran en la perfección del cuerpo o están sobrecargados de contenidos erotizados. También comentar estos programas y enaltecer el desarrollo de otros valores, como la perseverancia, la amabilidad, la alegría de vivir, la responsabilidad”. Eso es un estímulo para que participen en actividades deportivas, artísticas o científicas y demuestran que uno valida las características personales de cada uno.De lo que se trata es de ayudarlos a comprender este momento de cambio. Mostrarles que ampararse imitando patrones sobresexualizados no tiene que ver con lo que ellos son.
LA INFLUENCIA DE LA TELEVISION•
LA INFLUENCIA DE LA TELEVISION•
Una investigación realizada por RAND analizó los hábitos televisivos y la actividad sexual de 2.000 adolescentes entre 12 y 17 años, a lo largo de doce meses. • Resultado: quienes veían muchos programas con gran contenido sexual eran el doble de propensos a mantener relaciones sexuales que quienes apenas veían esas escenas. • Los niños de 12 años que disfrutaron de mucho acceso a ese tipo de programas mostraron un despertar sexual similar al de adolescentes de 14 ó 15 años que vieron poca televisión de contenido sexual.
Un cambio que se inicia en el cerebroLa pubertad empieza cuando el cerebro ordena la producción de hormonas, generando la maduración de los testículos y los ovarios. La responsable de gatillar esta serie de cambios bioquímicos es la llamada “proteína del beso”.Las hormonas sexuales son producidas durante la gestación y dejan de secretarse poco tiempo después del nacimiento. Sólo vuelven a secretarse más de una década después.
Un cambio que se inicia en el cerebroLa pubertad empieza cuando el cerebro ordena la producción de hormonas, generando la maduración de los testículos y los ovarios. La responsable de gatillar esta serie de cambios bioquímicos es la llamada “proteína del beso”.Las hormonas sexuales son producidas durante la gestación y dejan de secretarse poco tiempo después del nacimiento. Sólo vuelven a secretarse más de una década después.






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